Tentación

Hay una versión alternativa de la Biblia que nunca fue publicada porque revelaba detalles escabrosos del dios y la corte celestial. No obstante, aún subsisten un par de ejemplares manuscritos en el templo de una sociedad secreta del Medio Oriente y en un blog dedicado a revelar los chismes de las celebridades.

En el Génesis de esta versión, el dios advertía a Adán y Eva que podían comer cualquier fruto del Edén, menos el del árbol de la ciencia del bien y el mal. Ellos accedieron, no porque fueran muy obedientes sino porque no veían la necesidad de comer frutas cuando podían atiborrarse de carne y fritangas sin preocuparse del sobrepeso o los niveles de colesterol.

Así que la feliz pareja pasaba todo el día disfrutando de asados de los más diversos animales de la creación y de extenuantes sesiones de sexo tántrico. El dios los veía con inconmensurable envidia, ya que habiéndose tomando muy en serio eso de ser «un único dios», no tenía con quien intentar las acrobacias sexuales que Adán y Eva perfeccionaban día con día. Así que tomando la forma de la serpiente, su animal favorito, bajó a la tierra y tentó al hombre y a la mujer diciéndoles:

–Si comen del fruto prohibido, serán abiertos vuestros ojos y seréis como el dios y conoceréis el bien y el mal.

–No, gracias, a mí la manzana me da gases –respondió Eva.

–¿Fruta? Ni que estuviera enfermo –contestó Adán–. Mira, mejor éntrale a las costillitas de panda, que nos quedaron buenísimas.

La serpiente dios, enfadadísima por la actitud pasiva de sus creaciones, se dejó crecer plumas, se cambió el nombre a Quetzalcóatl y emigró a Mesoamérica, donde, según los rumores, la gente estaba dispuesta a caer en cualquier tentación que se le presentara.

Nunca volvió.

Algunas leyendas cuentan que un par de danzantes la convirtieron en un ceviche, que según los expertos gastronómicos de la época: «sabía a pollo, pero más acidito».

He aquí una de las magistrales ilustraciones que acompañaba al texto:

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