Viajes

Hay un montón de escritores a los que admiro, pero Julio Cortázar es de los poquititos a los que les tengo cariño. Lo conocí en el auto de un amigo que me dio un aventón de la escuela a la casa. En el asiento estaba Bestiario, y yo, en vez de charlar con mi amable anfitrión, opté por leer durante el trayecto Casa tomada. Recuerdo con nitidez la sorpresa que me causó darme cuenta de que se podía hacer ESO con las palabras; que ESO también era literatura. Saqué de la biblioteca ese y todos los demás libros de Cortázar y los devoré con una voracidad que a menudo extraño. Mi fascinación y entusiasmo aumentaban con cada página. Aquellas lecturas me dejaron en las manos un ramillete de esas férreas certezas que solo pueden cultivarse en la fértil imbecilidad de la juventud: Julio Cortázar era mi escritor favorito, Rayuela mi novela preferida y yo iba a ser escritor.

Con el galopar de los años, muchas otras novelas y escritores se convirtieron en mis favoritos y descubrí que para ser escritor hay que poder escribir y eso me incapacitaba para serlo. No obstante, los textos de Cortázar siempre han conservado para mí esa sensación de llegar a un lugar cálido y sonriente; algo parecido a la patria o el hogar.

Lo sorprendente es que, además de hogar, Cortázar es también un excelente medio de transporte. Y de eso se trata el siguiente exabrupto:ViajeY el vistoso GIF animado.Viaje

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Babel

Vargas Llosa dice que la escritura es una venganza, un desquite de la vida. No estoy de acuerdo: es poco lo que podemos reprocharle a la vida, salvo no ser exactamente como pensamos que debería ser. Lo cierto es que escribir y, en general, toda expresión artística es una constante exploración de realidades paralelas, de mundos en los que suceden cosas que aquí son imposibles. Me gusta pensar que al final podré concluir que ninguna de las versiones alternativas de la vida que se me ocurrieron superó a la original.

Hice la siguiente ilustración pensando en lo que sería una Torre de Babel construida de libros en diversas lenguas. Solo que a diferencia de la versión bíblica, ésta sí se logra edificar por completo y se vuelve un éxito de ventas en el mercado de los bienes raíces.

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Me gusta la historia de la torre de Babel porque involuntariamente profetizó lo que sería Internet y las redes sociales: una construcción descomunal en la que todos estamos conectados pero nadie puede comunicarse.

Es una lástima que ya no quede ningún dios dispuesto a derrumbarla.

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